lunes, 17 de marzo de 2008

Exagerando

Ayer vi como agonizaba el amor.

Me enviaron por un sendero sin rumbo, desde aquel bosque abrigado que era el querer tranquilo, directo a un gran desierto blanco.

Cuando caminaba por las calles de aquella ciudad innombrable, penetró en mi corazón el frió de las no respuestas, reclamadas por un teléfono que nunca sonó.
El veneno, me demandaba la sangre que se helaba en un mar blanco y frío, mientras las parcas rondaban mis sabanas.

Vi agonizar el amor, cuando paseaba por las calles sin abrazos, con la falta de esos brazos, últimamente tan vacíos, como el sentimiento.

Yo le vi desfallecer, cuando indicabas con tu boca lo exagerado de aquel llanto, de un corazón tendido en una mano, roñoso por la espera. Cuando sabía que estabas lejos y muy ausente.

Yo le vi agonizante, cuando el sueño te vencía, cuando nada te importaba, cuando decidía nunca más ser ridícula en esperas eternas de mejores tiempos que nunca llegaran.

Le veré morir, porque aquí, el tiempo cálido no existe, como no existen las llamadas, y solo están la falta de ternura en tus respuestas y el correo ausente.

Debo borrar todo el camino antes trazado, no dejar huellas, ni una pista que me permita volver.
El único mapa que quedaba tatuado en mi corazón, fue arrancado de cuajo, y pisoteado por tu despreocupación.

Te veré morir, veré morir a mi amor, cuando paseando por la calle, pueda mirar a otro, sin pensar en ti

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