jueves, 26 de noviembre de 2009

La Primera Vez Siempre Duele



El otro día fui a visitar a mi hermana, que pese a su corta edad, ya tiene 2 críos.
Aun no se como hay mujeres que pueden tener hijos antes de los 25, pero ella es una de esas.
Puede parecer que no tiene gran merito, pues mis papás le ayudaron a terminar la carrera y actualmente esta casada con un ingeniero, el papá de los críos. Pero igual tiene sus dificultades eso de ser mamá. Tal vez, de ese tema hablaremos más adelante.

Pesé a mi gran admiración por ella como madre y mujer, sucedió que sin querer, le eche a perder un poquito, uno de sus pequeños pasteles antes de salir del horno.

El querubín en cuestión, al que ella llama hijo, se llama Pablo.
Escuche atentamente, mientras Elisa, aconsejaba a Pablito a “alejarse” de los matones del curso (ella no dijo matones, dijo compañeritos conflictivos). También le dijo a Pablito que si lo seguían molestando le dijera a la tía y listo.
Yo decía para mis adentros, ella parece buena madre, ¿se dará cuenta la clase de consejo que le da a su hijo?
Lo esta condenando de por vida a ser un mamon, de por vida a ser el mamá del curso. El chico puchinbal de la clase, el de los paipazos y burlas.
Entonces, cuando ella terminó de consolar a su bebe, lo envío donde su tía loca para que jugara en el patio.

Esta era mi oportunidad, no dejaría que otro niño se hiciera víctima del matonaje escolar, al que todos estuvimos alguna vez expuestos. Menos si lleva mi sangre.

Le dije:
Oye Pablo, mira… y le di un manotón en el hombro
Después le dije de nuevo- No, mira acá - y le di un manotón en el otro lado.
En ese momento, puso su boquita en cimbra y unas pequeñas lágrimas comenzaron a asomarle.
Así que le dije.
Mira Pablo, si lloras no vas a solucionar nada.
Si yo voy y te lanzo un manotón, tu atájalo así... Y le mostré como hacerlo.
Ahora, si el mequetrefe ese, ¿como se llama el que te molesta en el cole?.
Agustín, me respondió con su voz dulce.
Mira, si el Agustín viene y te pega, su dale con todo. A ver, muéstrame como lanzas golpes.
Entonces me lanzo unos golpecitos muy tímidos.
No poh! Pablito, con fuerza. Imagínate que es el Agustín.
Y como que empezó a agarrar vuelo, es más, aun tengo unos moretones en las canillas que demuestran que el cabro aprendió a dar de golpes.

Estuvimos en práctica toda la tarde, hasta que ambos nos cansamos.
Ya luego, cuando le daba sus golpecitos, como que los evadía y me los devolvía.
Al final de la tarde y antes de irnos a tomar la once le dije a Pablito.

Ya Pablo, ahora ya sabes, si ese gorilon viene a pegarte, tu vas y se lo devuelves. El estuvo muy de acuerdo.
Todo bien ese día, Elisa solo se sorprendió de lo colorados y cansados que estábamos ambos, pero nada más, Pablito se quedo mutis, no le dijo a su mamá en que prácticas boxeriles habíamos estado toda la tarde.
Eso hasta que una día me llamo furia a la casa.

-Mira Lisette Belén, creo que no tienes ningún derecho a echar a perder a mis hijos. Y me colgó.
Chuuuuuuuuuuuu!!!
Estaba enojada, me llamó por mis dos nombres.
Tenía dos opciones
Hacerme la loca o ir a su casa.
Como yo no evado enfrentamiento, fui a su casa.

Toque el timbre y nada
Toque de nuevo y nada todavía.
Marque su numero desde el celular y contestó.
-Oye no seas yegua, ábreme la puerta o ¿me vas a acusar a la mamá?
Salio a la calle, no me quería dejar pasar, pero como siempre llegué y entre, sin invitación.
Le dije:
-ya, que te pasa.
Entonces entre sollozos me dijo:
-Mira, tu el otro día y Pablito y buaaaa, buaaa, buaaa y el apoderado de buaaaa y la profesora y no se que.
Entonces espere que se calmara.
Tomo un poco de agua y me contó que había pasado.
Sucedió que Pablito en el colegio se había peleado con un compañero, que los habían tenido que separar y que habían mandado a llamar al apoderado.
Pablito le contó a su mamá que tu tía loca le había enseñado a pelear y obviamente toda la culpa recayó sobre mí.
-Mira Elisa, si quieres yo te acompaño al colegio.
Ella me dijo,
- Claro que vas a venir conmigo, no puedes hacer cosas sin tomar tu cuota de responsabilidad.
¿Responsabilidad?, que diablos, si yo iba a defender a mi sobrino.
Llegamos al otro día al colegio, la profesora era una mujer bastante joven, tendría unos 26 años, menuda y de voz suavecita.
Nos invito a sentar, nos presentamos, escuche atentamente los hechos.
Al parecer Agustín, como era su costumbre, fue a hostigar a Pablo, entonces el, tal como se lo había enseñado su tía, se agarro con el y alrededor estaba el resto del curso dando ánimos.
Pablito terminó con unos moretones y Agustín con un ojo en tinta.
La profesora, aunque parecía bastante mamona, al ver la sobrereacción de mi hermana, termino acotando el caso, diciendo, que esas cosas a veces sucedían con los niños y que había que apoyarlos para disminuir sus niveles de agresividad, etc., etc., etc.
La cosa es que Pablito, no quedo suspendido, ni nada, solo querían conocer a la apesadumbrada madre.
Esa tarde, llegue a casa con mi hermana, que estaba, menos furia que antes, solo por eso me invito a almorzar.
Nos vinimos con Pablito.
Fue entonces que yo le propuse a Elisa, si me dejaba hablar con el acerca del episodio.
Con cierto resquemor, dejo a su retoño nuevamente en mis manos por la tarde.

Después de jugar un rato de manera tranquila y pacifica le dije:
-Pablito, mmh, cuéntame, ¿que paso con el Agus ese del que me hablaste en otro día?
Tu sabes que fuimos al cole a hablar con tu profe.
Entonces, Pablito me dijo:
-Mira tía, lo que hice fue mostrarle al Agus que yo no dejaría que me pegara de nuevo, por que el no entendió nunca con palabras.
Le respondí,
-Pablito, ¿tú sabes que eso es el último recurso, es decir, lo que se hace después de haberlo intentado todo?
El me dijo,
-si tía, a mi no me gusta pelear, me sentí mal.
Aunque ahora mis compañeros ya no me molestan, me invitan a jugar futbol con ellos y me eligen de los primeros.
Con el Agus nos hicimos amigos, porque nos quedamos fuera de la inspectoría. Me dijo que pegaba fuerte, que no sabía que fuera así, pensaba que era un marica.
-Pablito, que palabra tan fea, ¿sabes que significa ser marica?
Me respondió,
-No tía.
Y como no me pregunto que significaba, yo me hice la lesa y nos fuimos a tomar de once, leche con galletas.
Acababa de ponerme en buena con mi hermana, no le iba a dar motivos para que me odie de nuevo. Tendrá que hacer su trabajo respondiendo a eso.

http://dafne-en-viaje.blogspot.com/
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3 comentarios:

Pepe dijo...

La verdad es que siempre me gustan tus historias... me gusta mucho, MUCHO tu estilo.
Gracias Vivi por escribir así y permitirme ocupar el tiempo en una entretenida lectura.
Un abrazo sincero,

José Córdova

Dafne dijo...

Gracias profe.
Cariños

Angélica Arán dijo...

Amiga, como siempre tu lectura resulta muy interesante, en esta además una enseñanza. Te felicito.
Besos.