sábado, 1 de mayo de 2010

Reunión de Apoderados



Últimamente ya casi no escribo.
Las labores de trabajadora y madre me tienen absorta por completo, al punto de olvidar a las otras mujeres de mi interior.
Antes pasaba una buena cantidad de horas leyendo, principalmente a personas que escriben en la red, dejando comentarios, que aunque a algunos les resultaban “insultantes” e ”injustos”, era regalar mi tiempo diciéndoles lo que consideraba respecto a sus manuscritos a escritorcillos que creen que lo que hacen es lo máximo.
Últimamente he perdido inclusive el gustillo del hacer caer en cuenta aquellos, de lo malo que prolifera en la red y de lo amargo que les resulta ser criticados y el rencor que te guardan.
En muchas ocasiones me enfrasque en diálogos de sordos, pues para el que es criticado, siempre es difícil, para mi es difícil, supongo que para el resto también lo es; después de todo la opinión acerca de uno mismo, no es ni por lejos la del resto de la humanidad.
Tampoco me he topado con la cofradía, ni tan simplemente como parte del público al cual exponen su alma y a veces, ni siquiera da para aquello del alma; menos me he topado con las falacias en que se minimiza a quien hace la observación y no directamente la observación.
A pesar de ello la neurona sigue funcionando, más aun hoy, en que debo relacionarme con otras madres y padres de distintos ámbitos, así como con el GREMIO de los profesores, expertos en evaluar, pero reticentes a ser evaluados.
A mi hijo le envían muchas tareas para la casa, siempre he creído que esa es la forma a través de la cual finalmente, ellos, los profes, traspasan su trabajo a los apoderados. Además, ¿para qué tienen jornada completa si llegan a casa a hacer más?
Preferiría que en vez de más matemática les hicieran teatro o talleres literarios, que se yo, no seguir con lo mismo que no terminan y que además envían para la casa.
Y eso se ve perfectamente reflejado en mi hijo.
En clases no hace nada, literalmente nada, ni siquiera escribe, menos aun anota sus tareas.
Yo no se que ha pasado de un tiempo a esta parte, pero, en la época que yo estudiaba, los profesores se paseaban por el aula y si había alguno que no tenía nada anotado, le enviaban la nota al apoderado. En el caso de mi hijo, el es tan imperceptible, que ni siquiera da para eso.
Como método he implementado un sistema casi militar de revisión diaria de cuadernos.
Primero, las fechas, si no hay nada en una fecha x se le pregunta ¿Qué hicieron entonces?, posterior a aquello vienen las respuestas más variadas que puedan imaginar, desde que el profesor no deja escribir (es cierto!!!! Por lo menos en uno de sus ramos), o que le pasaron una guía, la cual obviamente está completamente desaparecida bajo la cama.
Un día entre revisiones varias me había dado la medianoche, entonces decidí tomar la iniciativa. Le escribí una nota a la profesora, no concertando una cita, pero si dando el pie como para que ella lo hiciera.
La reunión comenzó un poco tensa, pues el cutis se le había dañado algo con la frase: para mi hijo su clase no existe.
En verdad es una frase potente y me felicito por ello, pues si la profe no se indignaba, no me citaba y las cosas seguían como siempre.
Usando mis mejores dotes comerciales, le indique que no estaba criticando su trabajo, que estaba exponiendo un hecho, que las causas de ese hecho eran desconocidas para mi y quería averiguar que sucedía.
Para poder criticar sus clases tenía que haber estado en una de ellas, aunque los resultados saltan a la vista.
Ya estoy cansada de profesores y colegios que acusan al material con el que trabajan para indicar los malos resultados, el material del cual les hablo son nuestros hijos y por lo que se, últimamente y desde hace años ellos se esmeran en demasía en “filtrar” dicho material, más que amoldar dicho material.
Eso me recuerda siempre lo que alguna vez un profesor de edafología nos dijo, si siempre trabajásemos con terrenos filete, ¿para que estudiar agronomía?, es en un mal terreno donde se demuestra el profesional.
Que me queda por decir, gran parte de la reunión a pesar de mis intentos de traer al terreno correspondiente, la conversación verso acerca del curso complicado al cual había llegado, que eran muchos alumnos, que en realidad el tema ha mejorado, etc. etc. etc.
Sin embargo, aun estoy aquí, con mi hijo al lado, completamente distraído y sin ganas de estudiar “lenguaje y comunicación”. Definitivamente, toda la motivación en la lectura por la cual me he esmerado desde que nació en inculcar le ayuda, pero no es suficiente.
En mi caso personal, aun recuerdo a una profesora, creo que fue ella la que puso en mi esa semillita lectora, de autogestión y auto superación, que me hizo entender que la competencia era con uno mismo: gracias Silvia Montenegro, me encantaría que hoy existan profesores como tu y que mi hijo se tope con uno, después de todo, nuestros niños pasan más tiempo en el colegio que con sus padres.


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1 comentario:

El Editor dijo...

Seré sencillo y dada mi tradición para nada soez.

Me encanta que retomes la escritura, aún haciendo referencia al poco tiempo que tienes para ella. Creo que te conozco bien y muy a pesar de ello todavía me sorprendes gratamente por la forma en que logras exponer una idea. Las palabras fluyen y la lectura se hace amena y a eso agregas lucidez y vitalidad al escrito. Comparto tu visión del estado de cosas, lamentablemente el asunto se ha puesto color de hormiga en el sistema educacional y los profes son en parte importante, responsables de ello, aunque le hagan el quite al bulto. Muy buen trabajo!!! Hace rato que una crónica no me hacía visualizar una escena como esta.

Te quiero!!!