Me inmovilicé del todo; para él, nunca sería suficientemente
buena escribiendo.
Ya que más da, fue solo un recreo en mi vida. No queda otra,
viviendo con un alguien que te dice lo mala que eres, un alguien para que él se
sienta un semidiós.
Cuando le conocí, mis letras fluían,
flotaban, se atropellaban en un baile sin fin. Ese día me sentí viva, pero luego
ya no más.
Bebimos unas copas tomados de las manos. Conversamos y
caminamos por las calles y rincones más alocados de esta ciudad. Una experiencia
vital llena el cerebro de mucha sangre y neurotransmisores que se agolpan y
hacen que la creatividad aflore
Hoy acompañada de mis gatos pienso en aquello, que fue una
real tontería. La cooperación artística nunca funcionó, en este caso la simbiosis, no era tal.
No te puedes entregar a una relación dejando de lado tu esencia,
sea esta buena o mala. Seas buena o mala escribiendo.
Aplastada como mosca, decidí tocar la campana para el final de
este recreo.
Hoy no hice almuerzo, pero nadie sintió hambre.
El fuego de la chimenea y el crepitar de los leños, me hace
sentir bien. Escribí unas líneas, mientras me tomaba un café.
El está en su habitación pintando algo en sus telas, mis gatas
ronronean y se acurrucan.
Creo que es un buen comienzo.
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