lunes, 3 de diciembre de 2007

Encuentros

Niños azuzando el fuego, eso eran nuestras noches, incitando los nocturnos desvelos, deslizando nuestras telas y cobijas, encuentros veloces, afiebrados, fugaces.
Debemos vernos, percibirnos, llegar al instante determinante, solo sería mirarnos y saber, ser la súper nova. ¿Después la nada?... enana blanca

Los ingredientes, una mesa, ambiente calido, acompañados de líquidos y chácharas, podrían ser whisky o un jugo o mineral… sin gas por favor.
Fumando cigarrillos, el humo cegando la mente, podrían ser de los otros… pero no, estamos en público.

Mirarse a los ojos, que difícil, ahí están sus manos, aquí están mis pechos, mirarse a los ojos difícil…
Por el encuentro, ¡salud!, finalmente te veo; preguntas triviales y de buenas costumbres. ¿Fue muy difícil?, ¿te quedaras por acá?, ¿tienes donde quedarte?, ¿Cómo estas?, ¿es lo que esperabas?

Mejor será un whisky… y comienzan las explicaciones, el preámbulo ampuloso e insufrible, diciendo, sabes que no te quiero… sabes que esto es el comienzo, sabes que no hay expectativas y yo, solo pienso, sabes… mejor bésame.
No, así, no, eso no se pregunta, solo fluye… Mejor, no pensar.

Y aquí viene el efecto domino…
Digo, ¿Es lo que esperabas?, tengo algo de calor, le miro fijamente, nos hipnotizamos, salimos a la calle embriagados de las risas nocturnas… besos, muchos besos, abrazos y respiración.
¡Hey! no me lleves por lo oscuro, cuidado con el escalón, es fácil resbalarse con uno… o le pondremos el nombre del padre.

Abro mis ojos, la luz me ciega, susurros, susurros al oído… no, no son susurros, es la respiración de quien esta junto a mi, juntos, contiguos sin nada de deseo de por medio, solo la ternura de la cercanía.
Finalmente solo dormimos, éramos niños cansados de reír. Es un bello despertar, un buen comienzo.

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