sábado, 6 de noviembre de 2010

Alguien que Cuide de Ti



Sigo escribiendo en el sigilo
sin necesidad de conejos rosa
ni corazones esponjosos

Alguien que cuide de ti
es justo y necesario

Me haces tanto bien, pues
atiendes tus palabras hacia mi
como si fuesen joyas


Yo se que me cuidas
Con tu lenguaje de pelos y señales
y tu tambor de la selva asomando

Me hablas
Yo escucho

Si, es feo masturbarse, pensando en otra
Pero no sigas contándome
mejor tomemos un té.
mientras me muerdo la lengua

Ríes y se te nota entre los dientes
un poco de la frambuesa recién engullida.

Sigues con el mismo discuso
y yo
sigo desgastando mis yemas
en el tamborileo sobre la mesa
escuchando lo que me cuentas

Como si no supiera que haces esto entre semanas!
Horas, minutos, segundos de preocupación
por que yo no me enterara.
Pero quiero cuidar de ti

¿Debes hablar siempre
con tu tormenta cerebral acosándote
la conciencia?

No es necesario sufrir resonándote las faltas.
Me provoca sonrisas
carcajadas tu pensamiento culposo
acordándote... de cada cosa!!!

Asi que...
los pasteles están dulces
y aun queda algo de te
mejor toma una galletita.

No solo de escotes y otras redondeces
vive el hombre
Destruye los puntos y comas que nos separan.

Sin obsesión ni compulsión te desarropes
Ella te trae dulces recuerdos.
(¿Estoy dando un consejo?)

Se puede ser feliz, sin ser soso
se puede destruir para construir
Si te sientes mal por ello,
llámame para cuidar de ti

Que tu aliento no sucumba entre brazos caídos

Hoy dices que me dejas
y yo ya lo sabía

Podrías ser menos chulo
Podrías ser mucho menos feo
Podrías ser menos bueno…

Pero, nadie ha muerto
no hay despojos de lobos ni de niñas pequeñas,
ni ovejas queriendo comer carne.

Tomémonos otro té
traga un poco de kuchen
rompe el silencio con la boca callada.

Por que no hay amor más grande
que el que nos tenemos a nosotros mismos.
Y si no, yo cuidaré de ti.


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Esta obra es publicada bajo una licencia Creative Commons.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Supuesto

Supongamos que esta tarde no hablamos
Supongamos que las palabras no se trastocaron
Supongamos que tu eres feliz
Supongamos que yo soy feliz
Supongamos que te hablo en serio
Supongamos que esta vez no te ríes de lo que digo
Supongamos que mi vida para ti no es común y despreciable
Supongamos que en verdad soy parte de tus proyectos
Supongamos que no soy imaginaria
Supongamos que nunca más contesto el teléfono
Supongamos que esto no es el fin
¿Seria tonto suponer que seremos felices?

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La otra Cara

Mi pareja es muy tosco, muy ogro, nunca está contento con nada. Le molestan los niños, le molesta mi presencia, yo hago todo cuanto está en mis manos para que vivamos en paz, pero no es tarea fácil.

Hace unos meses una amiga mía lo ha visto en la calle y no podía creer que él fuese la misma persona que yo le había descrito (un hombre amargado, insaciable, que nada lo hace feliz, que sólo puede pensar en sí mismo, exige todo sin entregar nada…).
No, no le pareció así, le vio sonriente, riéndose de todo, agradable, atento con las mujeres, caballero, y hablaba de todo… ¡Como un hombre perfecto!

Yo claro, quedé en blanco. “¿Estás segura de que hablas de mi pareja?”

Sí -me dice-, sí, fíjate que me habló y es lo opuesto a lo que tú me describes. Incluso habla con mucha suavidad, educadamente, escuchando, con interés en la opinión de los demás… realmente tu pareja es un encanto.

¡Plop! Perpleja yo no podía creer lo que escuchaba. Era como si me hablasen de otro hombre, no de este que tengo a mi lado que nunca me ha agradecido nada en la vida, todo me lo ha exigido como si se lo debiese, nunca le ha agradado nada ni de mí ni de lo que yo hago, todo le molesta, todo lo manipula para convertirlo en algo “que hice contra él”, sólo tiene malas palabras para mí, nunca le importa mi bienestar ni física ni mental, se burla de mí, me amenaza, me grita, quiere ser siempre el centro de la atención, siempre anda disgustado, desafiante, enfadado y haciéndome pagar todos los platos rotos que él mismo rompe.

Inocentemente le pregunté porqué es tan diferente cuando está fuera de casa…

Y fue un gran error. Montó un enorme escándalo, pero escándalo de verdad, no sabría ni describirlo. Cuestión que mi pregunta sólo sirvió para que se sacie gritándome, echando sobre mí un sinfín de cargas y acusaciones, asegurando que él es igual en todas partes, que no le gusta hablar, que no gusta esto ni aquello, que todo cuanto yo hago es en su contra, que todas mis relaciones son malas, que no soy buena, que todo lo malo que me ha tocado en la vida me lo tengo bien merecido… Siguió gritándome, amenazándome, y degradándome durante 3 largas y angustiosas horas, encerrada en un cuarto sin yo poder escapar ni defenderme. Cualquier intento de defenderme era inmediatamente contestado con más amenazas y peores tratos verbales.

Llegué a la conclusión de que él es así, y que nada ni nadie lo cambiará, nunca cambiará. Él es quien es, y es como es.
Quien tiene que cambiar soy yo. Obligatoriamente soy yo quien tiene que cambiar, o hacia la libertad o hacia la sumisión y rendición total de mi persona.

Bueno amigas, esta historia pasa en muchos lugares, y me temo que pueda ser algo común. Sólo que las doble cara dificulta el verlo en el día a día. Tu amiga que tiene una pareja tan especial, sensible y honesta… igual sufre en casa, donde tú no puedes verles como son en realidad. Igual incluso es algo que te pasa a ti, que me lees, y te identificas con parte de lo que cuento…

Hay personas que en público muestran la cara más amable, pero que en casa son unos maltratadores psicológicos. No golpean, no hacen daño físico por lo que no se nota su maltrato… pero maltratan igualmente, te destruyen igualmente.
Hay que tener mucho cuidado con estas personas, la relación íntima con ellos, especialmente en un mismo hogar puede suponer auténticos horrores. Sólo viven para su propio bienestar, viven para sí mismos, y harán lo que sea para lograr cuanto se proponen sin importar a quien pisoteen en el proceso. No dudarán en pisotearte.

Y peor aún, puesto que fuera utilizan “la cara bonita” te será muy difícil encontrar apoyo, casi nadie podrá creer lo que les cuentes de él, pensarán que eres una exagerada, te dirán que “no es para tanto”, te pedirán aguantar, te dirán que seguramente te lo buscaste, que algo habrás hecho para enfadarle, que aguantes un poco más, “¿qué daño puede hacer un día, un mes, un año más?”.

Tengan cuidado con estas personas, si están viviendo algo así creo que deben intentar salir cuanto antes porque cada día que pasa es un día más de maltratado, un día más de intimidación, un día más en el que él se hace más fuerte y tú más débil… y si esperas demasiado tal vez un día no queden fuerzas para luchar y estarás totalmente en sus manos. Si comienzas a percibir algunas actitudes similares, huye, cada día que pasa te tendrá más atada.

Y tú, amiga, ¿qué me dices de esto?
¿Te resulta familiar esta historia?


(articulo original en http://www.todamujeresbella.com/1246/doble-personalidad/)

viernes, 22 de octubre de 2010

Punto G

Enrédate en mi,
confúndete, atrápame,
se prisionero de mis piernas.
Sin fundirte conmigo,
Sigues siendo tu,
Sigo siendo yo.
Por eso húndete,
pero no te quedes
Subsíste,
solo un momento
Juntos seamos otro
distinto a ambos
Porque todo tiene su fin,
un final orgásmico.


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miércoles, 20 de octubre de 2010

Algodòn de Azùcar



Solo un momento, en un mísero momento, un ruido ensordecedor como decenas de caballos, bajando a todo galope; el agua se viene, la mar nos comerá.
Darko, Darko, despierta!
Nuevamente se quedo dormido el viejo!
Me sonreí y amablemente prolongue la mano para saludarle.
Buenos días don Darko

Este tiempo ha sido agotador para todos, inclusive para mí que como nunca he recorrido toda la región.
A ellos, les ha tocado aún más duro y Darko todavía está a prueba en el circo.
Ya no es el jovencito que alguna vez recorrió toda Europa y hasta Rusia, montando y desmontando carpas. A pesar de que esta americana que les acaban de regalar, es más fácil de montar y desmontar, es fatigoso para un hombre de su edad con esta clase de trabajos.
Darko tampoco es el talentoso músico de orquesta de circo que alguna vez fue. La artritis un día cualquiera le quitará inclusive el gusto por tocar la guitarra por las noches, después que todos se van a dormir.

Sus ojos antes de un azul intenso, hoy languidecen en un azul grisáceo y es que los años no pasan en vano cuando las lágrimas de un hombre fuerte destiñen.

No pareciera que fue hace mas de 40 años que conoció a una equilibrista Rumana en una gira por Chile.

Fue amor al primer espectáculo. Se enamoraron y se amaron locamente, de su amor nacieron tres hijos.

Por amor a ella y sus hijos decidió echar raíces en una sola tierra. Se quedaron en San Vicente de Tagua Tagua de donde era oriunda su familia.

Alcanzaron a estar cinco años juntos, pero aquel corazón gitano que le impulso a ella a irse con el circo, no le había abandonado.
Así, sin más, una mañana simplemente se fue con el circo que había pasado por el pueblo, dejándole solo, a cargo de tres chiquillos y una casa herencia de sus padres.

Darko hizo de todo, desde operario en la planta procesadora de pollos, hasta limpieza de baños antes de tropezar con lo suyo.

Caminando por la plaza del pueblo se encontró con un carrito en que se vendía algodón de azúcar, juguetes y pelotas plásticas.
Sus hijos estaban encantados, lo querían todo, un montón de cosas que el no les podía dar.
Entonces tuvo una idea, se fue a casa y recogió los últimos ahorros que tenía para emergencias, por los niños. Volvió a la plaza y ofreció el dinero al vendedor de algodón para hacerse del carrito completo.
Era más dinero del que le hubiesen ofrecido nunca por su carro, por lo que acepto.
Desde entonces se transformo en el señor de los algodones rosados y azules.

Tuvo muchos problemas al comienzo, pues para poder estar en ese espacio necesitaba permiso municipal y el permiso se lo habían dado al dueño anterior, no a él.

Como hombre con carácter, se peleo inclusive con la alcaldesa, la que nunca le perdonó ese tono de superioridad moral con el que se dirigía a ella al hablarle de que no estaba dispuesto a pagar una coima por algo que se debiese ganar por mérito, no por favores políticos.

Nunca agacho el moño, así que el hombre oriundo de San Vicente de Tagua Tagua, nunca pudo vender un solo algodón en su propio pueblo.

Comenzó a recorrer la región con su carrito: los jueves y Martes en Pichidegua, los miércoles en Quinta de Tilcoco en la feria de artesanías, los sábados en Rosario, los lunes en Malloa y solo el domingo descansaba junto a sus hijos
Con su carrito logro educar a sus tres niños, quienes terminaron a su pesar, trabajando también en la planta procesadora, pero ya no como operarios, sino que de jefes de secciones en la planta pues tenían mas estudios de los que el alcanzo a tener.
Sus hijos ya eran adultos y le estaban dando nietos cuando decidió volver al circo.
Proveniente de familia circense aun le recordaban, pero, el circo ya no era el mismo que hace años.
En la funciones la música es grabada y ya no son necesarias las orquestas, pues no se toca en vivo. Su viejo arte había desaparecido de la mayoría de los circos.
Sin embargo la destreza para hacer algodón de azúcar, antes y después de las funciones, seguía siendo muy preciada, pues permitía vender las chapitas, recuerdos y todo el merchandising del circo.
A sus sesenta años, era un hombre que podía decirse se sentía realizado, sin importar todas las penas que le entrego la vida.

Una noche de febrero, en Iloca, el circo estaba frente al mar.
Como cada noche, Darko tocaba hasta muy tarde su guitarra. Fue durante esa madrugada que sintió a los caballos galopar con furia por sobre las olas y hasta las profundidades de la tierra.
Se escuchaban gritos y llanto en medio de la noche, luego el silencio se lo tragó todo.
El mar se llevo la vieja carpa, la jaula con leones, el carrito con el que daba sustento a sus últimos días, así como el cacharro que con tanto esfuerzo, se había comprado para trasladar sus cosas. Aun estaba cancelando un préstamo en el banco por ese vehículo.
El mar, la mar, también se lo quiso robar a él.

Cuando le pregunte como había sido todo eso me dijo: señorita, yo no sé lo que paso, solo sé que estaba en el agua y que ya estaba cansado de luchar.
Me miro fijo, se limpio un poco el sudor de la frente y siguió su relato: Sabe señorita, yo siempre le cantaba a ella, a la mamá de mis críos, yo la enamore con la guitarra, pero nunca logre que regresara.
Bajó la mirada
Esa noche ella regreso, fue su mano la que me saco del agua, fue su forma de darme las gracias por haber criado a los cabros, porque sabe, son buenos cabros.
Y de sus ojos tristes se arrancaron unos lagrimones.

El no lloraba por la pérdida económica, ni para que yo le diese el crédito por lástima o para recuperar su carrito o el cacharro.
Después de eso no le quise decir, ni preguntar nada más, solo dejé que llorara.
Que más se le puede pedir a un viejo cojonudo y cansado que finalmente encontró lo que se le había perdido.


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