domingo, 29 de julio de 2012

Papá

Soy hija de padres separados, como tantos hijos de padres separados que ya son adultos y a su vez padres.


Gracias a las redes sociales, tengo “contacto” con muchas personas, entre ellas mi padre, lo que me permite ver fotos y reflexiones de él.

Hoy viendo algunas fotos, fui yo la que se puso a pensar y debo registrar algo. Después de todo ese dolor, de no saber de dónde eres o a donde perteneces, ya en la paz de saber que te tienes a ti misma: Reconozco que yo soy algo así como un paréntesis en la vida de mi papa.

Es paradójico, no pertenezco, no soy parte de su conjunto, ni de su vida. Su vida es aquella familia que formo después de desarmar su primer intento de familia.

En su vocabulario es normal hablar de su familia refiriéndose solo a aquellos vástagos nacidos en su segundo periodo. La prueba inicial, el experimento fallido, son un punto aparte.

De ese conjunto “fallido”, puedo decir que pertenezco y es raro, pues aunque no le tengo rencor, ni resentimiento, simplemente no pertenezco.

En su último cumpleaños, que fue en el que cumplió 60 años, se hizo una gran fiesta. Se supone que sus hijas, mis hermanas (de cierto modo), me trataron de ubicar sin resultados, para también estar presente, pues soy la única del conjunto no pertenezco, que no le trata mal ni anda sacándole cosas en cara o diciéndole lo mal padre que fue.

Quizás lo mejor fue no haber estado, porque el “no pertenece”, se hubiese hecho mayúsculo, no solo para el, también para mi.

Entre el y yo no hay historia, solo aquella que se acumulo hasta que tenía 5 años y uno que otro encuentro posterior. Posterior a mi sanación y a mi perdón por el abandono.

A veces me pregunto, ¿que seré yo en la vida de mi padre? ¿Tan desconocida como el para mi?

¿Que ideas, imágenes y pensamientos tendrá en la medida que se haga más viejo?, ¿se sentirá arrepentido de no haber sido padre y haber olvidado a las primeras tres hijas que tuvo?

Muchas veces creo que nada de eso pasa, mas aun cuando en su vida solo existen los que están presentes y se refiere a “mis hijos me esperaban” cuando las otras tres, las primeras, esas que al parecer fueron borradas de sus recuerdos, no estaban.

Siempre hubiese esperado frases como algunos de mis hijos…

Los no pertenece en la vida de mi padre son muchos y la lista se alarga en la medida que los nietos van naciendo.

Se acerca otro cumpleaños de papa y a veces creo que es más doloroso para él, que yo me haga presente y salude, mejor es no pertenecer y que permanezca anestesiado con la amnesia, viviendo y disfrutando su experimento de vida posterior.


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EL CUERVO

Edgar Allan Poe
(Boston, 1809 - Baltimore, 1849)

Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”

Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.


Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”


Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.


Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,

y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!
De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.


Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”


Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”


Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: “Nunca más.”

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!


Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”


“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”


Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!

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sábado, 21 de julio de 2012

Mi mamá

       Si tuviesen que definir mi relación con mis padres en una palabra, esa palabra sería abandono.

Estoy nuevamente conflictuada por un cumpleaños, esta vez el de mi madre.

¿Por qué demonios debían nacer en fechas tan cercanas y ambos ser de signo Leo?

De mi madre no tengo mucho que decir y a la vez mucho que decir.

Por ella tengo marcado a sangre y fuego el carácter.

Y no quiero decir que mi madre es mala o mala madre, simplemente ella es así, ELLA.

El problema es que ya no soporte mas de ella misma y simplemente la deje ser, pero bien lejos.
De pequeña, no la recuerdo mucho y me refiero de pequeña a cuando tenía menos de 5 años, cuando mis padres aun estaban casados.

Recuerdo una mujer haciendo un aseo profundo en la cocina, mangueando y trapeando mientras yo masticaba cochayuyo y mi hermana Lorena venia por su leche.
También recuerdo una mujer apurada que llegaba tarde, muy tarde al colegio a buscarme, después de que las monjitas ya me habían llevado a la cocina a compartir galletitas con leche (¿donde estaba papa?)

Mi madre, una mujer desesperada, buscándome, mientras mis tías mentían y me mantenían escondida. Yo con el corazón acelerado escuchando a mi mama preocupada porque no me encontraba y nuevamente yo, decidida a que mi mama no sufriera por mí, saliendo a su encuentro y diciéndole mamita aquí estoy.

Después de eso, todo cambió.

Mi madre trabajando todo el día y nosotras sus hijas a cargo de su hermana Carmen, que al parecer no le quería.
Mi madre recelosa de los hombres, sumada a muchas frases para el bronce: el hombre es una raya en el agua, así son todos los hombres, tu padre te abandono, eres igual a tu padre, te odio.

Y así continuamos nuestras vidas, mi madre presente ausente, trabajando el día entero y yo haciéndome cargo, creyéndome la mama de los pollitos, cuidando a mis hermanas y tratando de ser la niña perfecta: buenas alumna, deportista, levantarse temprano, hacer todo el aseo.
Había que cuidar a quien proveía en casa, pues ya muchas veces nos falto que comer con ella de proveedora, entonces ¿qué pasaría si ella no estuviese?

Mama enferma de los nervios, encerrada en su habitación, desapareciendo un par de días y con amnesia de que había hecho, mi mama triste necesitando consuelo, mi mama que toma pastillas… tricalma.

Mi mama diciendo: mejor me hubiese muerto, mejor que no hubieses nacido, ustedes son un estorbo para mí

Mi mama en casa quejándose; por comprarnos leche no se podía ir a tomar un café con sus amigas.
Mis hermanas flacas, yo con anemia.
Sus niñas llevadas a un hogar de menores con “reclusión” diurna, para que el fisco las alimentase. Ahí aprendimos a pelear y defendernos de los otros, pero, ya no había que gastar en alimentar a las niñas.

Mi mama ahorrando para una casa

A pesar de todo, de muchachas no resultamos delincuentes, teníamos sueños, en especial el de nunca más ser pobres. Aun vivíamos con miedo que el arrendador subiese el arriendo o nos echara.

Mi tío Willy prestándole una casa a mama.
Fue el período más tranquilo en que mi madre aprovechó y se compro un automóvil con los ahorros que hizo de nuestro sacrificio, cuando sus hijas debían protegerse de delincuentes adolescentes, la época de no tener que hacerse cargo, pues el fisco lo había hecho por ella.

Mama no se compro una casa, prefirió un auto con que pavonearse.

Toda mi vida con ella, viví en la inseguridad de estar con una madre que no se hacía responsable, una cabra chica que se evadía de lo que pasaba en casa con el trabajo, justificándose solo como proveedora.

Mi madre de vacaciones por un mes viajando y nosotras solas en casa. El fisco aun se hace cargo.

Soñaba con estudiar, teniendo las mejores notas, egresando de un colegio subvencionado, quede impactada con la universidad y percatándome que solo era un colegio grande y caro.

Yo trabajando y estudiando, disfrutando la universidad, teniendo estrés y vida propia

Mi madre culpándome por no estar más presente, una de sus cancerberas desapareció.
Mi madre diciendo, por tu culpa tu hermana no entro a la universidad, ¿acaso te estás drogando?, por tu culpa tu hermana se embarazo…

Ya no estaba la carcelera y cuidadora, ya no estaba la madre de reemplazo, se me acabo el deber ser.

Mi madre y su egoísmo: te maldigo, ojala nunca termines la universidad. Te crees mejor que yo.

Hay tantas cosas que no le dije a mi madre por respeto…


¿Hoy?
Hoy nada, soy mama y reviso las tareas de mi hijo, no salgo de viaje sola, ni le dejo un mes mientras conozco otros lugares, le hago sentir seguro y protegido y le muestro que tiene un futuro por delante y que ahí estoy para apoyarle. Soy una mama que le besa, abraza y dice que le ama.

Definitivamente, gracias a mi madre, se bien quien no quiero ser como madre.
Gracias a mi madre soy responsable y trabajadora.
Y por supuesto no le hice caso y termine mis estudios.

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viernes, 9 de diciembre de 2011

El desequilibrio como fuente de dolor

Cuando nos sucede algo doloroso o traumático estamos enfrentados a la responsabilidad personal que tuvimos en los hechos. Genéricamente existen dos tipos de respuestas: las externalizadoras de la responsabilidad y las internalizadoras, propias de personas que se hacen cargo de su porción de responsabilidad en la génesis y desarrollo de una crisis o problema.

Quienes ponen afuera la responsabilidad de lo traumático, suelen aludir a la mala suerte, a la voluntad de Dios o a echarle la culpa a un tercero. Asumen actitud de víctima. Esto “me pasó”, estaba escrito en el destino y me iba a suceder sí o sí. De esto modo, cercano a un guión de vida predestinado, soy una especie de marioneta de las circunstancias o de un Dios castigador que me pasa la cuenta por mis actos destructivos.

Cuando miro la vida desde la atribución externa de las causas, no me hago cargo de mi porción de responsabilidad y dejo pasar el aprendizaje que había en ese dolor específico. La vida me dio la posibilidad de avanzar, pero la dejé pasar. Probablemente no quiero mirar, estoy cansado y no quiero más responsabilidades. Se instalan la auto victimización y la autocompasión, dos enemigos acérrimos del aprendizaje, la automaestría y el avance personal.

Cuando miró los hechos dolorosos desde el locus de control interno y me hago cargo de mis responsabilidades en los hechos dolorosos, me pregunto por los errores que cometí. ¿Qué hice yo para que sucediera lo que sucedió? No es perspectiva flagelante. Es una mirada de coraje que indaga la realidad de frente y no esquiva los hechos dolorosos. Primero, mirar los hechos y las evidencias, fenomenológicamente. Luego vendrán las interpretaciones y juicios de por qué y para qué ocurrió ese dolor.

Quienes se hacen cargo de su responsabilidad tienen la gran oportunidad de examinarse y auto conocerse, identificar qué conductas o qué patrones de conductas son los que ayudaron a la generación del problema, preguntarse por los motivos de la propia conducta y concluir, desapasionadamente, con una conciencia de la propia responsabilidad en los hechos.


El hecho doloroso, el accidente, el trauma, la pérdida o la crisis ya sucedieron. Eso no es modificable. Lo que es modificable, y que determina cómo actuaré, es cómo significo e interpreto las causas y el sentido de lo sucedido. Revisemos al menos dos planos: el afectivo y el cognitivo.


Como señala Anzorena en su libro “Maestría Personal”, afectivamente son cuatro las respuestas que puedo generar, dependiendo de dos variables:
Mi juicio sobre el dolor que viví: el escenario 1 es si lo que ocurrió fue inevitable y yo genero un juicio de imposibilidad, es decir, no pude hacer nada; el escenario 2 es si considero que pude tener la posibilidad de hacer algo.
Mi aceptación o rechazo del hecho doloroso.

Si rechazo el dolor ocurrido, generaré amargura, resentimiento e impotencia, conectando con la victimización y la búsqueda de causas afuera o en el pasado. El resultado es que el desarrollo y avance de mi vida tiende a detenerse, pues quedo atrapado en un punto muerto, una arena movediza que me impide moverme. Mi vida se detiene.


La clave está en aceptar lo sucedido, aunque haya sido inevitable. Sólo la aceptación y el perdón a mí mismo y a otros son lo que nos permiten arribar a la paz, la serenidad, el entusiasmo y la autoconfianza para continuar el camino de la vida, dejando atrás el dolor, desde la aceptación, luego de la indagación realista de lo sucedido y las conclusiones del aprendizaje que obtuve de ese dolor.


Si pude hacer algo, la pregunta es qué de diferente quiero hacer en una próxima situación similar, qué quiero hacer que esta vez no hice, para que las consecuencias sean distintas. Si fue inevitable, emerge la pregunta trascendente del sentido: ¿para qué sucedió eso?, ¿qué mensaje me está enviando la vida y qué necesito escuchar para aprender y seguir avanzando hacia una vida más equilibrada y constructiva?


Lo cognitivo se nutre de estas respuestas afectivas y procesa las interpretaciones, conclusiones y juicios en concordancia con la emoción sentida. La mente al servicio de los afectos, como demuestran las investigaciones de Kanheman, y no al revés, como aún cree mucha gente.


Necesariamente nos hacemos las preguntas de las causas. ¿Qué produjo este dolor?, ¿quién lo causó? Aquí quiero ofrecer una posibilidad diferente de mirar las causas de los dolores, no muy popular por la obligatoriedad de asumir la propia responsabilidad que implica. Los accidentes, crisis y dolores de la vida (el desequilibrio en lo externo) es consecuencia causal de la inarmonía interna. Desde la ley de causa y efecto, o si se prefiere la sintonía o no del nivel energético, si estoy viviendo en energía discordante, negatividad, mirada despreciativa del mundo y baja vibración, esa energía interior “llama” a que los actos externos operen consistentemente en el mismo nivel. Sabemos que nada sucede al azar, por lo que mi desbalance cognitivo, afectivo, corporal y/o espiritual terminará generando accidentes, problemas, quiebres y dolores.


Alguien podrá preguntar: ¿me estás diciendo que incluso algo tan inevitable como una muerte en un accidente, tiene sus causas en la conjunción de energías discordantes de una persona o un grupo de personas? Así es. La casualidad no existe. Existe la coherencia entre mi nivel de equilibrio-desequilibrio afectivo interno y los actos que ocurren en el mundo externo.


Por lo mismo, el dolor es causado por desequilibrio interno, tanto como la armonía y la pureza son consecuencia del logro del equilibrio interno. Como es adentro es afuera. Mientras más equilibrio logro en mi ser interior, mejores resultados en mi mundo exterior. Esa es la dirección causal de los hechos.


La clave es trabajar activamente el equilibrio interior, sosteniendo la energía positiva, drenando y reduciendo la energía negativa, y actuando con imágenes mentales constructivas para mí y para los otros. Si visualizo lo armónico y constructivo, son muy altas las probabilidades de que mis mecanismos psicológicos y los mecanismos energéticos de los grupos se alineen para producir un resultado benéfico.

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viernes, 5 de agosto de 2011

CACEROLAZO

¿El acabose? No exagere, sólo es el continuose del empezose de ustedes

Los primeros cacerolazos de los que se tiene memoria en Chile, paradójicamente fueron entre los años 1971 y 1973... La memoria de los pueblos.
La historia es nuestra y la hacen los pueblos.
La historia es nuestra? la hacen los pueblos?
Divide y vencerás... que buena idea para que la opinión pública se harte del movimiento: prohibir, no la marcha, sino que el lugar donde se hace.
Y quien me diga que HINZPETER no es astuto y maquiavélico, que le pregunte al otro que lo eligió para el cargo.
Me sorprenden los comentarios en las redes sociales de gente "inteligente" indicando bajemos el paro, pero no en el tono irónico y sarcástico de la columna de Simón Castro González en el mostrador (bastante fresca y llena de chispa), sino mas bien en un tono vejete del lado ultraconservador.
La historia es nuestra?
A lo lejos se escuchan las cacerolas.
Creo que soy de la época en que la historia la hacen quienes tienen el poder...
La historia es nuestra? Naci después.
Entre medio releo el grito sarcástico de Simón: "Detengamos todo esto porque no vamos a cambiar el hecho de que los políticos de este país no nos representen y más bien se interpongan en las necesidades y opiniones de las mayorías ciudadanas. Porque nos falta romanticismo, reflexión, cariño, lealtad. Nos sobra individualismo, egoísmo, cobardía, inseguridad"
Veremos que pasa.

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lunes, 1 de agosto de 2011

Desplome

Hasta ayer, todo se mantenía dentro de la normalidad cotidiana.
Levantarse temprano por la mañana, desayunar, comenzar a organizar el día.
La verdad es que las cosas no están bien hace mucho tiempo, solo que no había sido capaz de reconocerlo, detenerme a afrontarlo. Seguí adelante como si nada hubiese pasado.
No se desde cuando viene todo esto, es una gran cadena concatenada en que, como es la vida, las cosas se van dando a diario, sin pausas, sin respiros.
Hoy no quería trabajar, tenía ganas de llorar y me sentía angustiada. Antes de llegar a mi trabajo sucedió. El corazón comenzó a palpitar mas rápido, de repente me faltaba el aire y todo se me fue a negro.
Lo que una esperaría es que en esas circunstancias alguien te ayude, pero esta mañana no había nadie. Era una mañana muy fría, con escarcha en el suelo, viento que cala los huesos. Esta mañana se me enfrió el corazón.
Lo bueno es que no me desplomé estrepitosamente, alcance a sujetarme de un muro y me desplome a medio sentar. Al volver, no había nadie, no habrá sido mas de un minuto.
En cierta medida le di crédito a aquellas palabras que me decían, uno nace y muere solo. Estoy muy sola y llevo demasiado peso sobre los hombros, más encima tengo que ser comprensiva y mantener la sonrisa por todo el día.
Hoy pediré el día, no puedo seguir así, debo parar, escucharme y no dejarme morir.

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domingo, 24 de abril de 2011

Pensión de Alimentos

No puedo dormir.
Y como podría!!
Hoy he pasado una de los peores malos momentos del año.
MI hijo terminaba de ducharse cuando comenzaron a llamar insistentemente a la puerta.
No quería asomarme, pues soy mujer sola con mi hijo.
Encendí la luz y me percate que era carabineros. Les pregunte que necesitaban, mi hijo también se asomó.
Me preguntaron si había habido algún problema o discusión en casa, me quede mirándolos extrañada.
La única discusión fuerte esa tarde había sido por teléfono con mi ex.
Desde hace seis mese que le pedí aumento de la pensión de alimentos y aun o me daba respuestas.
Para varias y tan tonta como siempre, he preferido resolver esos temas “a la buena” con mi ex, pues cuando es a la mala, el es completamente irracional, hace cosas del las cuales después se arrepiente pero las hace igual.
No es que siga enamorada ni nada por el estilo de él, pero es como un influjo que aun se mantiene, aun lo veo como a un cachorrito desvalido, cuando en realidad es un Doberman.
Siempre me anda dando lástima, pues el gana menos que yo, pero eso no quiere decir que sea pobre. Entonces se tira al suelo e inclusive en una ocasión me grito lloriqueando al teléfono si acaso quería dejarlo en la calle.
¿Dejarlo en la calle?
Yo a ese hombre lo conocí estando en segundo año de ingeniería, llevaba 5 años ya estudiando, 7 años después a empujones, alimentándolo y manteniéndolo finalmente sacó la ingeniería, lo que para mí era un orgullo, pues según yo, era una “inversión” en hacer grande a nuestra familia.
Cuando terminó su carrera, nunca busco trabajo, estaba bien cómodo sin trabajar, con nana en casa y sin esforzarse, fue en ese momento que decidí alejarme de él, pero no lo hacía, mucho antes de que comenzara a ridiculizarme, maltratarme y pegarme.
Por eso me preguntaba, ¿como me puede decir que quiero dejarle en la calle?, si de mi solo ha obtenido cosas buenas.
Hoy, mientras hablaba respecto al aumento de pensión, me decía a mi misma no estás pidiendo nada demás, yo crio a nuestro hijo, lo cuido, ayudo a estudiar y más encima dejo todo mi sueldo en el, mientras que su papá, no lo viene siquiera a ver los fines de semana por medio que dijo el juzgado, tampoco lo saca a pasear las pocas veces que lo ve, ni siquiera en 2 años ha salido de vacaciones con nuestro hijo. Entonces, ¿es mucho pedir aumento de pensión de alimentos?, pues si no participa en su crianza, por lo menos que me apoye y no tenga que andar sacándome la mugre trabajando para mantenerlo, mientras que el sale todos los fines de semana, tiene casa propia, es decir no paga arriendo como yo. NO, no estaba pidiendo algo fuera de lugar.
Carabineros estaba fuera de mi casa preguntando si yo había maltratado a mi hijo.
Que sucio!!
No es la primera vez que intenta acusarme de maltrato cuando las cosas no son como él quiere, no es la primera vez que trata de indisponerme frente a nuestro hijo, si es la primera vez que lo hace por otra mujer, aunque no es la primera “polola” que tiene en estos 3 años de separación.
Después de llorar un rato en el suelo mientas carabineros me preguntaba cosas, mi hijo se acerco a hacerme cariño, no quería que me viese así, estaba en el suelo porque mis piernas no me sostenían y lloraba porque nuevamente no podía creer lo que este hombre me estaba haciendo.
Me siento nuevamente como si estuviera a su merced, como en esa época en que me pegaba y creía que hasta me podía matar, en aquella época que yo no hice nada para detenerlo y me siento muy tonta por aquello, creo que esta vez ya no soy la misma y tendré que defenderme, no solo por mí, sino que por mi hijo.


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